martes, 22 de abril de 2014

"Identificar el mecanismo para frenar su eficacia", dice Bourdieu

Hemos aprendido a reír de lo diferente, a burlarnos de lo que no entendemos. Hemos normalizado las violencias y las discriminaciones al punto en que son imperceptibles. Tenemos una cantidad impresionante de productos, discursos y símbolos de carácter sexista y de naturaleza homofóbica que circulan en lo cotidiano, educándonos para reproducir tales modelos. Productos prescriptivos que nos dicen (discursiva, ideológica, moral y visualmente) qué es ser un hombre y qué es ser una mujer, cuáles son los cuerpos que tienen derechos, cómo deben usarse, quiénes son personas. Canciones, películas, teleseries, estaciones radiofónicas, chistes, anuncios publicitarios, textos literarios… producen, reproducen y legitiman las discriminaciones. Cerrado el modelo al binarismo sexual (hombre-mujer), con todas las pedagogías de lo femenino y lo masculino, con lo heterosexual presentado y defendido como lo normal, natural, sano, moral, bueno, deseable, bonito… todo lo que escapa a ello es patologizado, burlado, aislado y violentado bajo nociones como anormal, antinatural, enfermo, perverso, inmoral, malo, indeseable, feo. Ficciones todas. Es patologizado, burlado y violentado porque atenta al modelo, y se convierte además en cosa pública: todos podemos opinar y reír sobre ello. Podemos, incluso, legislar para regular esas vidas, esos cuerpos, esas prácticas. Lo gordo, lo moreno, lo lesbiano, lo joto, lo pobre, lo indígena, lo autista, lo tatuado, lo enano, lo sidoso, lo mujeril (claro)… es sistemáticamente agredido, y las agresiones son social-institucionalmente normalizadas. Contamos con eficaces aparatos de adoctrinamiento (mass-media, iglesia, clínica) que nos enseñan a diferenciar, discriminar, agredir; que normalizan y normativizan las violencias. Son tan eficaces que circulan en la vida cotidiana sin que reparemos en ellas, lo que nos hace partícipes de la reproducción de un sistema misógino, patriarcal, heteronormativo, homofóbico, racista, feminicida. Lo que sigue, identificado el mecanismo, es frenarlo.

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