viernes, 14 de marzo de 2014

Nosotras

Despierto con un beso. Ella corre todas las mañanas pero siempre tiene tiempo para darme un beso, o dos, o tres, o más. Me desea “bonito día” y sale a prisa mientras sigo acostada. Aunque esta mañana me ha pedido le prepare un sándwich para llevar. Es que los viernes son sus días largos. Mientras ella se baña yo le preparo un lonche con pan integral de muchos granos, jamón de pavo, alfalfa, espinacas, queso blanco, mayonesa y mostaza. También lavo una manzana verde y la coloco junto al sándwich que ya he empacado en una bolsita ziploc y dejado sobre el comedor. Regreso a la cama y ella sigue corriendo. Desnuda. Transita veloz de la habitación al baño a la cocina al estudio. Se viste medio cuerpo (la parte de abajo), desenreda el cable del secador de cabello, pone café, empaca su laptop y algunos documentos, se encrema, viste la otra mitad, dice mi nombre, me recuerda que me ama, pone una canción, se peina, canta, baila, corre, se perfuma, prepara café en un termo enorme que le ha de durar apenas la primera hora de su jornada, y me deja en la cafetera para beberme justo una taza cuando por fin decida levantarme. ¿Hoy vas a la escuela? No. Hoy no voy. Hoy me quedo a trabajar en casa porque en este espacio, pese a los ruidos del yonke de enfrente, logro concentrarme más que en el Colegio. Pinta sus labios de un rojo tan rojo que el último beso antes de partir me lo da en el aire.

Todo huele a nosotras. Salgo de la cama como a las 9 de la mañana y me doy cuenta que he dormido casi diez horas, si no cuento esos 15 minutos en que preparé un amoroso lonche. Diez horas descansando. Bueno, he de reconocer que la última hora estuve repasando horizontalmente la coherencia del capítulo contextual que estoy redactando para mi tesis. ¿Tendré que poner cómo se conforma la ciudad en términos artísticos-históricos o me voy directo a los antecedentes del fenómeno que investigo? Prendo la compu y veo que tengo mensajes suyos. Me pregunta si ya desayuné.

Recorro la casa, nuestra casa. Las flores de la sala siguen vivarachas. ¡Cómo alegran las flores naturales, caray! Decidimos tener la casa siempre con racimos frescos. El que veo ahora ella lo escogió porque ése es el acuerdo: una semana ella, otra semana yo. Pongo mi iPod en su bocina. Lo prendo. Lhasa canta solo para mí. Sirvo café. Observo en la cocina las huellas de su prisa: la leche fuera del refri, la azucarera abierta, gotitas de café en la barra…  Voy a llamarle antes de ponerme a escribir. Voy a decirle que la extraño. Hace calor pero la casa es fresca. No me quiero bañar, no quiero quitarme su olor. Besa tan rico.

Seguro viene a verme al mediodía. Y no es que tenga tiempo ni que su trabajo esté cerca. Ella viaja. Piensa en mí y viaja. La puerta principal se abre y ella entra con el viento. Y me observa. Y me acaricia. Y yo la siento.

Me gusta el sol de la mañana. Calienta rico la cocina. Me lo bebo junto con el café milagroso que ella prepara. Después de la contemplación creo que es hora de estirar la cama. Hay viento. Tal vez de ahí salga a caminar. Antes voy a registrarnos en el congreso. La cosa es online así que no debe demorar mucho. Vamos a ir a San Cristóbal de las Casas. Chiapas. La otra frontera. Nuestro primer viaje juntas.

Ella me cuida. Hace un par de semanas enfermé terriblemente de la garganta, símbolo de la expresión (la expresión contenida) y ella me curó. Inyecciones, tés, amor, masajes, baños muy calientes, besitos, cabello trenzado. Terminé de sanar un martes. Cuando hablé con mi madre y mi hermana de cuánto la amo. No bastaba con los tatuajes y la cabeza rapada y el estilo de vida. Sigo siendo la más rara de la familia porque he decidido amarla sin ocultamientos. Pero la meta no es ostentar títulos de “anormalidad”. En absoluto, aunque confieso que me causa gracia. La cosa es la honestidad. Ser ligera.

Me apuraré con las tareas. Esta noche vamos a salir, nos lo merecemos. Ayer cumplimos meses de declarado amor. De reconfigurarnos. Y la sociedad tiene que saberlo. Creemos que lo íntimo es político. Porque lo es. Ambas tuvimos relaciones tormentosas y closeteras y -en diferente medida- violentas. ¿Por qué le cuesta tanto a alguna gente ser honesta? ¿Por qué la cobardía? ¿Por qué el temor a ser feliz? ¿a abandonar? ¿a liberar? Ambas hemos vivido la censura, por supuesto, el acoso y la discriminación. A ambas nos han confinado (hace algún tiempo) al terreno de lo privado. A ambas nos han pedido normalizar los silencios. Porque “hablar de lo privado es vulgar”, porque “no hay necesidad de hacer un statement”, porque “qué sentido tiene enterar al mundo de nuestras prácticas y del amor”...

Desde que estamos juntas nuestra piel está de fiesta. Nuestros cuerpos son abrazados. Besados. Amados. Nuestros cuerpos ya no son tristes. Ni flácidos. Ni opacos. Son fuertes. Vibran. Brillan.

Creo que cocinaré atún por la tarde. No es que nos afanen los rituales religiosos, con eso de los días santos. Es que no hemos ido de compras y ya casi arrasamos con el mandado. El miércoles me quedaron muy bien las entomatadas y el arroz (hice arroz por vez primera), pero lo que ella más disfrutó fue la ensalada de nopales. Nos gusta comer verde. Nos cuidamos mutuamente.

La tesista de posgrado y la maestra universitaria. Nos auscultamos los barros. Nos sacamos las cejas. Nos depilamos el bigote. Nos peinamos las axilas. Nos cocinamos. Nos bañamos. Nos vestimos. Nos reímos. Nos hacemos manicure. Nos tomamos fotos. Argumentamos. Hacemos conjuros y decretos. Planeamos. Cantamos. Bailamos. Y cada mañana, cuando despertamos, nos recordamos lo bonito que es esto. Y la que despierta primero besa a la otra. No es que sea un acuerdo. Es que es inevitable.

6 comentarios:

Celeste McCartney dijo...

Qué felicidad volverte a leer (te leo en twitter, pero ya tenía tiempo que no encontraba nuevas letras por aquí) y saber que eres la más dichosa del mundo. Te mando mil abrazos más :)

EL GATO AZUL EN TIJUANA dijo...

Que interesante historia ...

Y todas las historias tienes vertices...

Que fue de tu hombre?..o exhombre?..parecia todo tan feliz...

Esquina Tijuana dijo...

Celeste McCartney: ajá: la más dichosa del mundo mundial ☺

EL GATO...: Pues, con el temor de caer en un lugar común, he de decirte que las cosas llegan a su fin. Y ya.

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Saludos!

Julio Sueco dijo...

O está embrujada por 50 Shades of Grey o es la verdad, cualquier semejanza con la realidad sería entonces mera coincidencia.

Alfredo Lucero-Montaño dijo...


Estoy en el entendido que entre otras actividades, te dedicas también a hacer tatuajes. Mi esposa tienes interés en hacerse dos. ¿Tendrías tiempo e interés en este trabajo? Su nombre es Alejandra y su cel 664 666-0136. Te aprecio de antemano tu atención. Alfredo

Esquina Tijuana dijo...

Hola Alfredo Lucero-Montaño: creo que tienes una confusión porque no hago tatuajes. Tengo el cuerpo tatuado y he diseñado algunas imágenes que luego me han tatuado o que alguna amiga se ha ido a poner.

Pero te recomiendo ir con Rafa de la Tinta Distinta, es un master tattoo artist ☼